Comunicación

Errores en la estrategia de comunicación: el coste real de hacerlo a medias

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errores en la estrategia de comunicación portada

Hay organizaciones que se comunican de forma constante y, aun así, no consiguen mejorar su posicionamiento, su credibilidad ni su capacidad de influencia. No es un problema de volumen ni de esfuerzo. En la mayoría de los casos, el origen está en la ausencia de una estrategia clara que permita priorizar, medir con criterio y tomar decisiones a tiempo. Cuando hablamos de errores en la estrategia de comunicación, no nos referimos a fallos puntuales o a campañas mal ejecutadas, sino a problemas estructurales: comunicar sin foco, medir sin contexto o reaccionar cuando la narrativa ya está consolidada.

Son errores que no siempre generan alertas inmediatas, pero que con el tiempo erosionan la percepción de marca y obligan a trabajar siempre en modo reactivo. Evitar estos errores exige algo más que intuición o experiencia acumulada. Requiere una lectura sistemática del entorno mediático y social, y un sistema de análisis que permita transformar información dispersa en criterios claros para decidir.

El error invisible: comunicar sin foco

Uno de los errores más frecuentes en una estrategia de comunicación es operar sin un foco reconocible. Se generan contenidos, se activan acciones de PR y se mantiene presencia en distintos canales, pero sin una idea central estable que permita acumular significado en el tiempo.

Este problema suele manifestarse de forma recurrente:

  • La marca aparece asociada a temas distintos sin consolidar un territorio propio.
  • Los mensajes varían en función del canal o del portavoz.
  • El equipo mantiene un alto nivel de actividad, pero los resultados no se traducen en posicionamiento.

El coste de comunicar sin foco es doble. Por un lado, reputacional: la marca no se asocia con atributos claros ni diferenciales. Por otro, operativo: recursos y tiempo se destinan a acciones que no contribuyen a objetivos concretos. En ausencia de una estrategia definida, es el propio entorno quien acaba interpretando y etiquetando a la marca, no siempre de la forma más favorable.

Medir mal: confundir actividad con impacto

Otro clásico dentro de los errores en comunicación es limitar la medición a indicadores fáciles de contar: menciones, impactos o alcance potencial. Estos datos son útiles como referencia, pero insuficientes para evaluar si la comunicación está cumpliendo su función estratégica.

La diferencia entre actividad e impacto está en variables como:

  • Qué se dice de la marca cuando aparece.
  • En qué temas y marcos narrativos se la sitúa.
  • Qué nivel de credibilidad aporta el medio o el canal.
  • Si el mensaje se entiende correctamente o se simplifica de forma perjudicial.

Más allá de preguntar cuántas veces aparece una marca, es necesario analizar qué atributos se le asignan y si esa presencia contribuye a los objetivos definidos. Medir sin este contexto conduce a decisiones basadas en volumen, no en significado, y perpetúa errores en la estrategia de comunicación que pasan desapercibidos durante demasiado tiempo.

Reaccionar tarde: no detectar cambios a tiempo

errores en la estrategia de comunicación (1)

En comunicación, la anticipación es clave. Muchos errores en la estrategia de comunicación se producen porque los cambios en la narrativa se detectan cuando ya están consolidados: un enfoque negativo que se repite, una crítica que escala o una comparación desfavorable con competidores que se normaliza.

Este riesgo se acentúa en un contexto de alta exposición informativa. Según el Eurobarómetro Social Media Survey 2025, el 66 % de los encuestados considera que ha estado expuesto a desinformación o fake news en la última semana. En este entorno, las percepciones se fijan rápidamente y corregirlas a posteriori resulta mucho más costoso.

Llegar tarde no suele interpretarse como una falta de atención puntual, sino como una ausencia de control sobre el propio relato. Y esa percepción afecta directamente a la credibilidad de la organización.

Decir “lo mismo” en todos los canales

Repetir un mismo mensaje sin adaptar el formato, el tono o el contexto a cada canal es otro de los errores más comunes. No se trata de incoherencia, sino de una falta de estrategia multicanal.

Cuando la comunicación no tiene en cuenta las expectativas de cada entorno, el discurso se percibe como genérico y poco relevante. A largo plazo, esto genera desgaste: el público siente que la marca no escucha y los medios identifican un relato prefabricado.

La solución no pasa por multiplicar mensajes, sino por sostener una idea central clara y ajustar la forma de expresarla en función del canal. Reducir estos errores en la estrategia de comunicación implica diseñar mensajes coherentes, pero no idénticos, y entender que cada espacio exige una lectura específica.

Evitar errores en comunicación con acceso

errores en la estrategia de comunicación (2)

Una estrategia sólida no se apoya solo en creatividad o experiencia, sino en método. Para reducir errores en la estrategia de comunicación es necesario contar con un sistema que permita observar de forma consistente lo que ocurre y, a partir de ahí, interpretarlo para decidir.

Este enfoque se basa en dos capas complementarias. La primera es la observación: disponer de una base de seguimiento amplia y homogénea que permita saber qué se publica, dónde y con qué frecuencia. La segunda es la lectura estratégica: analizar esa información para identificar patrones, cambios de narrativa, riesgos y oportunidades.

En acceso, el servicio de Monitoring proporciona esa base de evidencia mediante el seguimiento integral de medios y redes sociales, apoyado en la plataforma acceso360 Pro y supervisado por un equipo especializado. Esta capa permite construir históricos comparables y reducir sesgos derivados de lecturas parciales.

Sobre esa base actúa el área de Intelligence, que transforma la información recopilada en paneles, informes y KPIs alineados con los objetivos de la marca. La segmentación por temas, territorios y narrativas, junto con sistemas de alertas, permite priorizar decisiones: qué corregir, qué reforzar y cuándo actuar. No se trata de comunicar más, sino de decidir mejor.

Conclusión: planificación y control 

Una estrategia de comunicación mal definida no suele fallar de forma abrupta. Se desgasta progresivamente, semana a semana, a través de pequeños errores que se acumulan. Comunicar sin foco diluye el posicionamiento, medir solo volumen confunde presencia con impacto y detectar tarde los cambios obliga a reaccionar cuando ya es costoso hacerlo. 

En general podemos concluir que contar con un sistema de seguimiento y análisis permite convertir señales dispersas en criterios de decisión y reducir la improvisación. La diferencia no está en la cantidad de comunicación, sino en la capacidad de entender el entorno y actuar con criterio. En acceso trabajamos precisamente para eso: ayudar a las organizaciones a leer su contexto mediático con método y transformar esa información en decisiones más acertadas.

Publicado por

Intelligence

Director

Especialista en medición de la comunicación, profesor universitario e impulsor de estándares AMEC en España.

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